Zapatero no irá ni a la misa del Papa en Santiago ni en Barcelona. El joven izquierdista que (todavía) llevo dentro me hace aplaudir. Es más, me hace pedirle que vaya todavía más allá y derogue el Concordato con la Santa Sede, le retire la financiación pública a la Iglesia, retire absolutamente todos los símbolos religiosos de colegios y actos oficiales y que no haya ni un sólo funeral de estado más católico pagado con dinero público.
Todo eso sería cojonudo. En conjunto. Coherencia lo llaman. Pero resulta que Zapatero no hace nada de eso, es más, tras no ir a la misa, luego se reunirá con Benedicto XVI en el aeropuerto de Barcelona. De nuevo amaga pero no da, amenaza pero no cumple, da una pa tí y otra pa mí. Y lo parchea mandando a otro.
Asumamos que el presidente de un país como España no puede romper con la Iglesia (tal y como quizás le pide el cuerpo) y seamos serios.
Zapatero es el presidente del Gobierno y como tal, a veces debe hacer cosas que no le gustan, por lo tanto, si reconoce la importancia de la visita del Papa en tanto en cuanto representa a millones de personas en el mundo, aunque no coincida con sus convicciones, debe ir a la misa.
A más a más, Zapatero es el presidente de todos los españoles, también de los Católicos, y les debe el mismo respeto que a los no creemos en dios y, ocasionalmente, nos cagamos en él.









