jueves, 14 de septiembre de 2017

Entre todos lo mataron y el periodismo solo se murió

Dice mi amigo Rivero que los periodistas nos lo tenemos muy creído, que somos una suerte de vedettes que creen que con cada palabra que sueltan están salvando el mundo. Tiene bastante razón. Quizás ese sea el principal problema de este oficio. Que tenemos mucho más ego que un maestro, un médico o un policía. Y no me digan que esos oficios no tienen motivos parar creérselo. Educan, salvan y cuidan. Casi nada.

No es que desprecie al Periodismo, el Periodismo es esencial en una democracia, el problema son el periodismo y sus ejecutores, en  las dos acepciones del término. Y en minúscula.

Ese ego hace que en los análisis que casi a diario hacemos nosotros mismos (¿se imaginan a un banco auditándose a sí mismo?) sobre nuestra profesión siempre acabemos concluyendo que el problema no somos nosotros.

Internet ha matado al periodismo. La inmediatez ha matado al periodismo. La exigencia continua de contenidos nuevos por parte del usuario ha matado al periodismo. Las grandes corporaciones han matado al periodismo.  La precariedad ha matado al periodismo. Yotube ha matado al periodismo... Bla, bla, bla.

La culpa es nuestra

Y es más fácil, la culpa es nuestra. El mejor análisis que he leído sobre la crisis del oficio lo escribió hace un par de semanas mi hermano Javi Gómez. Se nos ha olvidado seducir. Tiene toda la razón. Y no tiene fácil solución, no todo el mundo sabe seducir. Y aunque a todo se aprende, los genios, genios son. Y son los que son. Javi es uno.

Pero aunque supiéramos seducir, el problema principal seguiría ahí. Un problema de base. Y más jodido. Se nos ha olvidado hacer periodismo. Y, si seducir es difícil, hacer periodismo es muy fácil. O Debiera serlo. Les pondré un ejemplo muy claro. Los atentados de Catalunya. Una noticia con la que los medios deberíamos tener especial cuidado. Deberíamos.

Renunciar al titular

Tres días después del 17-A El País publicaba la siguiente noticia: El Imam de Ripoll trabó amistad en prisión con un terrorista del 11-M.
Jugoso. Ni Pedro J. en sus mejores tiempos. Ese día y los siguiente casi todos los medios publicaron la "noticia".


No era verdad. El Confidencial Digital (sí, ese) desmintió esta información a finales de agosto. No así el resto de medios que lo publicaron.


Nosotros en laSexta columna estrenamos temporada con un programa sobre los atentados. Pusimos en marcha un operario de investigación desde varios frentes y siguiendo varias pistas... No qué va. No hicimos nada de eso. Fue muy fácil. Llamamos a Instituciones Penitenciarias. En pocas horas nos desmintieron la información. Nos dieron fechas y datos para apoyar el desmentido. Listo. También nos la desmintieron un par de periodistas de Interior bien informados.

Ninguno de los medios que publicó la información errónea hizo esa simple llamada.O sí, y la obviaron, que es peor. Esa llamada es la esencia del periodismo. Y no hacerla, el motivo por el que, año tras año, somos la profesión peor valorada.


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