jueves, 14 de diciembre de 2017

Niñas que se follan a señores

Repugnancia. Esa es la palabra que me viene a la cabeza con el caso de los jugadores del Arandina. Quizás también asco. Cierta violencia. Pero sobre todo repugnancia. Es la palabra. Y las palabras son importantes.

Es importante decir que es "una niña" porque cuando decimos "una menor de 15 años" la cosa a algunos les suena un poquito menos mal. Es importante decir "abuso sexual" y no "relación no consentida". No es lo mismo "Abusar sexualmente de una niña" que "Mantener relaciones no consentidas con una menor de 15 años".

Relaciones no consentidas. O consentidas. Da igual. La ley dice que una menor de 16 años, una niña, no puede consentir o no consentir. En España las relaciones sexuales entre un adulto y una menor de 16 años no están permitidas. El foco no está en sí lo que pasó fue consentido o no. Los tres cafres jugadores ya han admitido que mantuvieron relaciones sexuales con la niña. Sexo con una menor es delito. Serán condenados.

El foco debiera estar en otra cosa, en las palabras, en llamar a las cosas por su nombre. En hombres abusando sexualmente de niñas. En hombres que lo graban para presumir con los colegas de haberse follando a una niña. Si se eligen bien las palabras el acto repugnante se entiende mejor.

Pero, también, si se escuchan bien ciertas palabras se entiende mejor la sociedad en la que vivimos. Porque los hombres se acostaron con una menor pero oye, que ella quería follar con ellos. Se lo han dicho al juez. Ella se los folló.

Porque la niña tiene 15 años pero vaya 15 años. Que fue ella la que quiso montarse un trío con los tres. Que sabe latín. Que menuda es, se ha tirado a media clase. A las niñas hoy le crecen antes las tetas que los dientes. No es lo mismo que antes, que ahora las niñas son muy guarras y a lo mejor habría que revisar la ley para que la niñas fueran libres de follarse a todos los hombres que quisieran. ¿No son tan feministas?

Todo este párrafo también son palabras. Palabras mal elegidas pero palabras que se escuchan. Que se secundan. Que no se condenan. Pero las feministas, los feministas, son, somos, unos, unas, locas del coño. El invento del patriarcado y tal. Ya.


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